Una científica argentina ganó la prestigiosa “Beca Draper” en México por su avance en medicina regenerativa

Se trata de Mikele Amondarain, una joven que inventó una “curita futurista”, con al que sorprendió en un Demo Day internacional y trabaja por una mejor calidad de vida.

13 de Mayo, 2026 diario norte

En el escenario había dieciséis representantes de startups de América Latina. Cada participante tenía tres minutos para explicar una idea capaz de modificar el futuro. La consigna del programa era precisa: pensar soluciones para una sociedad que envejece.

Las startups de América Latina apuestan a soluciones innovadoras ante el desafío de una sociedad que envejece. Mikele, ganadora en México.

Había emprendedores de salud, biotecnología e inteligencia artificial. Las presentaciones avanzaban con el ritmo de un pitch internacional: cronómetro, diapositivas, preguntas, inversores.

Cuando le tocó el turno a Mikele Amondarain, la científica argentina salió a explicar cómo un pequeño paquete biológico puede ayudar al cuerpo a recuperar una capacidad que pierde con los años: regenerarse.

Minutos después, el jurado la eligió ganadora de la Beca Draper en el Demo Day del programa Deep-Tech for Smart Longevity, organizado por el Tecnológico de Monterrey junto a Draper House Americas.

Compartió el primer puesto entre startups seleccionadas de cinco países. Pero la escena había empezado mucho antes y muy lejos de México.

Mikele Amondarain, científica argentina, desarrolla una tecnología regenerativa basada en exosomas para mejorar la calidad de vida de adultos mayores.

En Coronel Pringles, en el sur de la provincia de Buenos Aires, de 24.420 habitantes y ritmo de pueblo. “A mí me gusta decirle pueblo”, dice Amondarain. La frase aparece como una aclaración identitaria antes de hablar de laboratorios, exosomas o plataformas biotecnológicas. Ahí empezó una parte de la historia.

Su padre, José María, estuvo enfermo durante mucho tiempo. Mikele era adolescente cuando el cáncer empezó a ordenar la rutina familiar alrededor de hospitales, tratamientos y nuevas terapias. Recuerda conversaciones sobre medicamentos experimentales y discusiones sobre posibilidades clínicas que todavía estaban lejos.

Argentina lidera la región en cantidad de startups tecnológicas, aunque enfrenta limitaciones en financiamiento e inversión para escalar investigaciones.

“Lo mío parte de una historia familiar: mi papá estuvo enfermo durante trece años y lo acompañamos mucho junto a mi hermana Meli y mi mamá Laura. Ver su enfermedad y cómo siempre quería mejorar, curarse, hasta llegó a hablar con el ministro de Salud para traer drogas nuevas, firmaba consentimientos para probar terapias. Acompañarlo despertó en mí la necesidad de querer colaborar para mejorar la calidad de vida de los pacientes y la salud”.

Su papá se llamaba José María. Falleció cuando ella tenía veinte años. El cáncer hizo que esos años se sintieran como una eternidad, porque compartieron experiencias que tal vez no habrían vivido si él hubiera tenido más tiempo de vida.

La enfermedad se volvió una forma de convivencia. También una escuela involuntaria. Pero hay otra idea que aparece cuando habla de esos años: el tiempo comprimido. La sensación de haber vivido mucho en poco tiempo.

El parche hidrogel de Vesicly se dirige a heridas dérmicas severas, permitiendo una regeneración más rápida y eficiente del tejido.

Antes de que existiera la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires, estudiar genética implicaba irse a Buenos Aires o La Plata. Mikele eligió la UNNOBA, en Pergamino. Ahí cursó la licenciatura en Genética. Después hizo su tesis en la Academia Nacional de Medicina y más tarde llegó al doctorado en el Instituto Fleni CONICET.

En el recorrido hubo laboratorios argentinos, estadías en Europa y una constatación que repite cada vez que compara la ciencia local con otros sistemas científicos más financiados. Habla de investigadores que trabajan con recursos limitados, equipos reutilizados y presupuestos escasos, pero capaces de producir ciencia competitiva.

“Hoy vivimos más años y se busca no solo vivir más, sino vivir mejor. La gran discusión en longevidad es cómo vivimos estos años que se están alargando, porque con la edad aparecen enfermedades crónicas y neurodegenerativas. Se trata de darle calidad a estos años. Por eso la longevidad y los estudios para resolver esto son tan importantes”.

Junto a su madre Laura y su hermana Meli, Mikele vivió de cerca el deseo de superación de su padre. Ese vínculo afectivo es el cimiento de Vesicly.

“Trabajamos con exosomas de células madre mesenquimales. Los exosomas son pequeños paquetes con toda la información prorregenerativa de una célula madre, pero sin usar la célula, lo que da ventajas porque no es terapia celular y tiene menos efectos adversos. Estos exosomas le dan al cuerpo señales para regenerarse, como cuando éramos chicos y una herida sanaba mejor y más rápido. Nuestra tecnología busca devolverle al cuerpo esa capacidad regenerativa, con mejores tiempos y calidad. Ahora el producto está pensado para heridas dérmicas, pero estamos construyendo una plataforma que en el futuro puede aplicarse a diferentes tipos de tejidos: cardíaco, neuronal, ocular. Que tenga la capacidad de regenerar cualquier tipo celular”.

Las heridas cicatrizan distinto con el paso del tiempo. Más lento. Peor. La medicina regenerativa intenta intervenir en ese deterioro biológico. En el laboratorio trabajan sobre un producto concreto: un parche de hidrogel cargado con exosomas. Una especie de “curita futurista”, como ella misma la define. El parche se aplica sobre heridas profundas y el cuerpo absorbe progresivamente los compuestos regenerativos.

Por ahora el desarrollo está orientado a lesiones dérmicas severas, heridas de grado dos y tres que atraviesan tejido subcutáneo y comprometen parte muscular. Pero la idea es más amplia. “Estamos construyendo una plataforma”.

“A mí me gusta decirle pueblo”. Mikele Amondarain reivindica sus raíces en Coronel Pringles como el punto de partida de su curiosidad científica.

La apuesta futura incluye aplicaciones cardíacas, neuronales y oculares. La posibilidad de regenerar distintos tipos celulares. El desafío es científico, pero también económico. Los procesos regulatorios en salud pueden demorar años. Por eso Vesicly diseñó un modelo híbrido para generar ingresos antes de que el producto clínico llegue al mercado.

La startup planea ofrecer su plataforma de producción de exosomas a otras compañías que ya trabajen con líneas celulares aprobadas, especialmente en industrias con barreras regulatorias más bajas, como cosmética o biotecnología vegetal. Mientras tanto, siguen desarrollando la parte médica.

Vesicly nació hace apenas un año. La startup surgió de su proyecto doctoral y hoy está integrada por dos personas: Mikele Amondarain y Carlos Luzzani, su exdirector de tesis y actual socio. Comparten laboratorio, estrategia y discusiones sobre cómo transformar investigación científica en un producto viable.

En el Parque de Innovación, en Núñez, los laboratorios están distribuidos detrás de paredes vidriadas y espacios de coworking.

Hay emprendedores de inteligencia artificial, biotecnología y AgriFoodTech compartiendo pasillos, cafeterías y reuniones con potenciales inversores. Vesicly trabaja ahí desde principios de este año.

“Amo mi país, soy sobre todo argentina. Gracias a la ciencia estuve en distintos países, como España y Alemania, en lugares de alto nivel, y siempre digo lo mismo: no estamos tan lejos. Con los recursos que tenemos, estamos casi a la altura, lo único que nos falta es más plata. Tenemos la materia prima y la esencia para llegar a esos lugares, de hecho, estamos superbién vistos. Cuando va un argentino, saben lo que es capaz de hacer con lo que tiene. Aprovechamos al máximo los recursos. Vamos en buen camino, aunque falta”.

“La principal barrera es el financiamiento, el dinero disponible para el desarrollo de investigaciones y para su aplicación, que es igual de importante. Eso es lo que llega al paciente. También el acceso, la igualdad de acceso a la salud, tratamientos y atención clínica. Falta encontrar ese nexo”.

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