El investigador que recorrió el mundo para entender por qué la escuela no aprende de sí misma

Axel Rivas sintetiza tres décadas de viajes, lecturas y docencia en un ensayo que va de la Grecia clásica a la inteligencia artificial para responder una sola pregunta: ¿Qué vale la pena enseñar?

02 Sep, 2026 12:30 a. m. AR INFOBAE

En el verano de 1921, Beatrice Ensor —maestra de ciencias domésticas reconvertida en inspectora escolar en Gales, horrorizada por las aulas que visitaba donde los alumnos obedecían órdenes al unísono— fue la maestra de ceremonias de la primera reunión de la Asociación de la Educación Nueva, celebrada en la ciudad francesa de Calais. Asistieron apenas 150 personas. Eran, antes que nada, pacifistas e internacionalistas que acababan de atravesar el horror de la Primera Guerra Mundial y buscaban en la pedagogía una respuesta al desastre.

Esa escena es el punto de partida deViaje al mundo de la educación (Siglo XXI, 2026), el nuevo libro de Axel Rivas, director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés e investigador con tres décadas de trabajo en política educativa comparada. A partir de ella, Rivas formula la pregunta que atraviesa las más de 350 páginas del libro: ¿por qué la educación sigue siendo, cien años después, un campo confuso, fragmentado y atravesado por batallas de sentido que impiden el diálogo?

La respuesta de Rivas parte de una metáfora bíblica. El mundo educativo, dice, se parece a la Torre de Babel: “Han sido los humanos quienes mezclaron las lenguas hasta ya no poder comprenderlas ni dialogar entre sí. […] Es un campo minado. Las ideas no fluyen, chocan.”

Desde ese diagnóstico, el libro propone un recorrido por los grandes dominios del conocimiento sobre la educación —historia, pedagogía, currículum, aprendizaje, enseñanza, políticas— con el propósito de construir lo que el autor llama “los puentes secretos”: conexiones entre tradiciones que se ignoran mutuamente, entre teorías que no se leen en el mismo idioma y entre prácticas que se desarrollan de espaldas unas a otras.

El libro forma parte de la colección “Educación que Aprende”, fundada por Melina Furman y publicada por Siglo XXI Editores Argentina. Su tono es el de la divulgación rigurosa: no un manual ni una tesis, sino una bitácora personal de tres décadas de investigación y docencia que busca, en palabras del propio autor, “sintetizar las principales teorías y discusiones de cada gran campo del mundo de la educación”.

El primer gran viaje es hacia los orígenes. Rivas recorre la educación griega —los sofistas, Sócrates, Platón— para mostrar que los debates sobre para qué educar no son modernos: ya en la Atenas clásica se disputaba entre una formación orientada a la verdad y otra ligada a la utilidad pública.

Esa tensión llega hasta los jesuitas del siglo XVI, que inventaron la clase escolar, el currículum y el examen como instrumentos de conversión religiosa, y continúa en el siglo XIX con la expansión estatal de los sistemas educativos. La escuela moderna, concluye el autor, nació como un “régimen disciplinario” y solo en el siglo XX empezó a pensarse como un derecho.Rivas recorre la educación griega —los sofistas, Sócrates, Platón— para mostrar que los debates sobre para qué educar no son modernosRivas recorre la educación griega —los sofistas, Sócrates, Platón— para mostrar que los debates sobre para qué educar no son modernos

El capítulo sobre las escuelas pedagógicas convoca a RousseauKantPestalozziMontessoriDeweyFreire y Freinet —entre otros— para mostrar que “todo ya ha sido inventado en el mundo de la educación”. Cada uno de estos pedagogos representa una respuesta al orden escolar tradicional, y cada uno encontró los mismos obstáculos: la gramática escolar sobrevivió a todos sus profetas. Rivas cita el famoso epigrama de Adolphe Ferrière en Calais: “El niño ama la naturaleza: se lo hacinó en aulas cerradas. Le encanta moverse: se le obligó a permanecer inmóvil.” El inventario de contradicciones data de 1921, pero podría haber sido escrito ayer.

El corazón del libro está en los tres capítulos centrales, dedicados al currículum, el aprendizaje y la enseñanza. Sobre el currículum, Rivas ofrece una síntesis de los grandes modelos en disputa: el enfoque clásico basado en los conocimientos disciplinares (con autores como E. D. Hirsch o Michael Young), el enfoque por competencias, la propuesta de los “despertares” curriculares de Jerome Bruner y Maxine Greene, y el impacto de la inteligencia artificial sobre el sentido mismo de lo que debe enseñarse. “Si todo puede ser producido, explicado o simulado al instante, ¿qué deben aprender los alumnos?”, pregunta el libro, sin ofrecer una respuesta única sino un mapa de posiciones.

El capítulo sobre el aprendizaje sintetiza décadas de investigación en ciencias cognitivas y neurociencias. Rivas explica el funcionamiento de la memoria de trabajo y la memoria de largo plazo, la teoría de la carga cognitiva, la práctica espaciada y la evocación como estrategia de consolidación. Dialoga con Piaget y con la revolución cognitiva anglosajona —que se desarrollaron en paralelo sin leerse—, con Vygotsky y con la teoría del flow de Csíkszentmihályi. “El aprendizaje implica un inmenso esfuerzo con gratificaciones en su mayoría no inmediatas”, sintetiza. El desafío pedagógico, agrega, no es eliminar la dificultad sino organizarla para que sea “posible, significativo y progresivamente accesible”.

Sobre la enseñanza, el libro recorre los marcos mentales que permiten pensar la práctica docente más allá de las recetas: el diseño inverso de Wiggins y McTighe, la invitación al conocimiento como principio, el aprendizaje basado en proyectos, la evaluación formativa y el concepto de conocimiento pedagógico del contenido de Lee Shulman. Rivas defiende una concepción del docente como “quien abre caminos hacia mundos de conocimiento ya construidos y crea las condiciones para que sus alumnos puedan recorrerlos con sentido, rigor y creciente autonomía”.

Los capítulos finales abordan la política educativa comparada y el futuro de la educación ante la irrupción de la inteligencia artificial. Rivas advierte sobre los riesgos de la “descarga cognitiva”: la delegación de facultades mentales en las máquinas que puede debilitar la memoria de largo plazo, el pensamiento crítico y la capacidad metacognitiva. “Sin conocimientos propios, nos transformamos en espectadores del mundo, en alimento de los algoritmos”, escribe. Frente a ese horizonte, el libro defiende lo que llama “la escuela de la comprensión y la invitación”: una institución capaz de combinar el rigor disciplinar con el despertar del deseo de conocer, donde los alumnos terminen un curso “con nuevas preguntas, fuerzas y entusiasmo por esa disciplina”.

El libro cierra con la misma energía con que comienza. En la última página, Rivas retoma la imagen de la Gran Pirámide de Cholula —construida capa a capa durante más de un milenio— para describir el mundo de la educación: una acumulación de saberes, experiencias y esfuerzos que nadie construyó “de una vez” y que requiere, para no derrumbarse, “un lenguaje compartido de los saberes fundamentales de la educación” que permita a los docentes y a los sistemas educativos dejar de empezar siempre de cero.

Quién es Axel Rivas

◆ Axel Rivas es director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, donde también ejerce la docencia e investigación.

◆ Se graduó en Comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y obtuvo un máster en Educación en la Flacso.

◆ Inició su doctorado en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres y lo concluyó en la UBA. Fue director del Cippec y asesor de organismos y gobiernos en América Latina y España. Obtuvo el Premio Konex en Educación. Entre sus libros se encuentran Revivir las aulasEducar hoy en el Conurbano bonaerenseCambio e innovación educativa y América Latina después de PISA.

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